Hasta hace algunos años el tema de la microbiota era algo muy poco conocido. Antiguamente se le llamaba “flora bacteriana” (se creía que eran solo bacterias) se decía que estaba en el colón y se pensaba en ella solo ante algún episodio de diarrea.
Hoy cuando se habla de microbiota nos referimos a “las células microbianas de bacterias, hongos, virus y otros microorganismos que colonizan las mucosas y la piel del cuerpo humano”. A pesar del avance en los estudios los expertos explican que solo se ha llegado a clasificar el 50% de la gran variedad de microorganismos que viven en simbiosis (beneficio mutuo) en el cuerpo humano.
Para darnos una idea de la importancia de la microbiota debemos saber que en un hombre adulto de 70 kg y 1.70 m. de estatura encontramos aproximadamente 30 billones de células y en ese mismo individuo viven cerca de 100 trillones de microorganismos, 10 veces más que el número de células del cuerpo.
La microbiota tiene funciones: protectoras, estructurales y metabólicas, esta última es equiparable a la actividad del hígado según algunos expertos. Estas funciones de la microbiota ayudan a mantener un intestino saludable lo que es fundamental considerando que en él encontramos el 70% del sistema inmunológico, es nuestro segundo cerebro por la cantidad de células nerviosas que superan las encontradas en la medula espinal y además de la producción de neurotransmisores.
El desequilibrio de la microbiota conocido como disbiosis se asocia a menos diversidad de microorganismos y esto predispone a problemas de acné y otras enfermedades de la piel, patología autoinmune, patología neurodegenerativas como parkinson y alzheimer, enfermedad inflamatoria intestinal, depresión, ansiedad, diabetes mellitus y obesidad entre otras.
Es importante entender cuáles son los factores que pueden alterar el equilibrio de la microbiota; la alimentación como primer factor, el alto consumo de azúcares y productos procesados afecta negativamente el equilibrio microbiano. Déficit de vitamina D, el estrés, manejo inadecuado de las emociones y la exposición a toxinas también predisponen a disbiosis.
Mantener un estilo de vida saludable encabezado por una alimentación natural, enfocada en alimentos y no en productos, baja en azucares simples, con variedad de frutas, vegetales, proteínas y grasas de buena calidad, es clave para lograr el equilibrio y alcanzar el bienestar.
Lcda. Luisa Brito Gallardo. Nutricionista


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